En
la evaluación del impacto de las decisiones de gasto en políticas
públicas, suele estar ausente un enfoque que ponga la mirada
analítica en el conjunto del presupuesto de las Administraciones. De
este modo, las reducciones de inversión en un determinado programa
se interpretan a priori como un ahorro, sin examinar el efecto que
producen sobre otras partidas presupuestarias que atienden
necesidades primordiales de la ciudadanía.
Si
dejar de prestar un servicio, o dejar de hacerlo con la intensidad
que se precisa, supone un deterioro en las condiciones de las
personas a las que va dirigido que tiene el efecto de aumentar el
consumo de otros incluso más caros que los que hemos dejado de
atender, el pretendido ahorro de dinero público se evapora pudiendo
llegar incluso suponer hasta un incremento de gasto en el total del
presupuesto.
Es
necesario dejar de tomar decisiones con la mentalidad de un esmerado
contable con la visión limitada en cada ministerio, consejería o
área, para ampliar el foco y realizar una análisis económico de
las decisiones sobre las políticas públicas y su impacto en el
conjunto del presupuesto, incluyendo sus efectos en la actividad
económica y en el empleo.
Un
ejemplo interesante lo podemos encontrar en dos estudios publicados
por FEDEA, en el que se analiza la relación entre la atención a las
personas en situación de dependencia y el gasto sanitario desde dos
perspectivas.
El
primer estudio es de 2016 y examina si la atención a la dependencia
reduce los ingresos hospitalarios que pueden evitarse. La conclusión
es elocuente, la expansión de la cobertura de la Ley de Dependencia
mejora la eficiencia del sistema de salud, reduciendo las
hospitalizaciones de las personas que reciben cuidados y haciendo más
breves las estancias hospitalarias en el caso de que se produzcan. En
conjunto, el estudio estima el ahorro en hasta un 11% de los costes
relacionados con las hospitalizaciones de estos colectivos. Estos
resultados sugieren que estas políticas públicas contribuyen a
reducir las ineficiencias en la atención hospitalaria, minorando
específicamente su número, frecuencia y duración. La coordinación
sociosanitaria, por consiguiente, puede aumentar el ahorro total en
el gasto público y mejorar la eficiencia si se mantiene una adecuada
atención a la dependencia.
El
segundo estudio es de 2021 y aborda el efecto de los beneficios de la
atención a las personas en situación de dependencia sobre el uso de
la atención médica. Considera que el aumento de la esperanza de
vida y las enfermedades crónicas de las persona mayores, tienen un
efecto directo en los sistemas de salud aumentando la presión
asistencial. La implementación de buenos sistemas de cuidados a
largo plazo para la población dependiente, contribuye a reducir esta
presión puesto que promueve hábitos preventivos y la adherencia a
los tratamientos médicos, reduciendo los ingresos hospitalarios
relacionados con la edad. Estima que la atención a las personas
dependientes supone una reducción del 60% de las hospitalizaciones
evitables, así como las visitas no programadas de pacientes a los
centros de atención sanitaria. En definitiva, la asignación de
recursos presupuestarios a la Ley de Dependencia puede no sólo
aumentar el bienestar de los beneficiarios del sistema de cuidados,
sino también contribuir sólidamente a contener el aumento de los
costes de la sanidad.
Y
a todo ello debemos sumar el efecto de la implantación del Sistema
para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD) en la economía
y en el empleo. El estudio “La atención a la dependencia como
motor de desarrollo económico” elaborado por la profesora Belén
Díaz Díaz de la Universidad de Cantabria, publicado en la Revista
Internacional de Sociología en 2014, muestra que la tasa de retorno
de los recursos asignados es muy alta, de cada euro, 0,59 retornan a
la Administración; el sector de atención a la dependencia es
intensivo en mano de obra, estimando que la generación de empleo
asciende a 36 trabajadores por cada millón de euros de gasto de la
Administración; el multiplicador de la producción asciende a 2,38,
de manera que por cada euro invertido por la Administración en el
sector, la producción aumenta 2,38 euros. Tiene además otros
efectos en la economía tremendamente positivos: la capacidad de
generar empleo y riqueza vinculados a la innovación y el desarrollo
tecnológico, la oportunidad de racionalizar el gasto sanitario con
alternativas de menor coste y socialmente más eficaces como hemos
visto, y la oportunidad de reducir el coste de oportunidad de las
familias que se quedan sin posibilidad de trabajar fuera del hogar
por tener que atender a un familiar.
Por
todo ello, el dinero que se emplea en las políticas de atención a
la dependencia más que un gasto es una buena inversión, no
solamente económica por los efectos positivos descritos, sino
también por la cohesión social y la mejora del bienestar individual
y colectivo, tan necesarios para sustentar la esperanza en el bien
común y la convivencia cívica como sólidos cimientos de las
democracias, con la mirada puesta en hacer una España mejor.
Enlaces a los documentos de los estudios mencionados:
Estudio FEDEA 2016 atención a la dependencia y gasto hospitalario
Estudio FEDEA 2021 efectos de la atención a la dependencia sobre el uso de los servicios sanitarios
La atención a la dependencia como motor de desarrollo económico
Artículo publicado en el Confidencial Andaluz el 31 de enero de 2022:
Políticas públicas y dependencia